Panorama de las mujeres en el campo colombiano

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En el mundo, el 40% de las labores del campo son realizadas por mujeres; en Colombia, el 48,13% de la población rural son mujeres, frente a un 51,87% de población masculina que trabaja en ruralidad, de acuerdo con información del DANE. A pesar de esta amplia representación, no es un secreto que la agricultura se sigue pensando por y para los hombres. Un estudio de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura -FAO- sugiere que, si las mujeres tuvieran el mismo acceso a recursos productivos que el hombre, instrumentos para la formación y se estimulara su participación en la toma de decisiones, la producción agrícola de los países en desarrollo aumentaría de un 2,5% a un 4% y el número de personas con hambre disminuiría un 12%.  

Si bien cada vez son mayores las iniciativas de varios sectores por incentivar la participación, la inclusión y la equidad de género en las labores del campo, aún existen varios retos transversales a los problemas sociales del país que no se han podido superar. “No es desconocido que la agricultura se ha visto tradicionalmente como una actividad de hombres.  Sumado a ello, la poca tecnificación en nuestros campos hace que las labores sean muy pesadas físicamente para ellas; sin ahondar en el poco chance que algunas veces tienen para dejar el trabajo del hogar”, explica María Fernanda Nossa, Experta Global en Clientes para Soluciones Agrícolas en BASF.  

                                                            

La buena noticia es que en el país existe la disposición para trabajar por la inclusión para la mujer rural, y propuestas para apoyarlas de diversas formas. “En Colombia, por ejemplo, se han venido trabajando en estrategias para hacer de las mujeres miembros activos en la toma de decisiones del trabajo productivo y técnico, entregando valor agregado a las labores fundamentales del campo“, agrega María Fernanda.  

 

Los expertos aseguran que se puede continuar abriendo el camino para fortalecer la presencia femenina en el campo creando proyectos de inclusión de la mujer y mesas de trabajo por cultivos. “El llamado es entonces a reconocer como trabajo y no como “colaboración” el rol que desempeñan las mujeres en el agro. Y a las mujeres que ya están involucradas en estas labores, quiero resaltarles su papel en la dignificación del trabajo más valioso de la tierra, que es la dedicación al campo y la producción de alimentos por un futuro mejor para todos”, concluye Nossa.  

 

De esta manera, promover y abrir opciones para la mujer rural, otorgándole, por ejemplo, oportunidades educativas en carreras afines al campo, asegurará una mejor gestión y administración de recursos económicos; diversidad de ideas y pensamiento a cultivos; aumento de mano de obra; dignificación de la labor y un modelo a seguir para las nuevas generaciones.  

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