Herramientas de los SIG, claves para investigar la disponibilidad de hábitat de las ostras

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Debido a efectos que se siguen analizando, que pueden ser derivados del cambio climático o de una pérdida de biodiversidad, las ostras están ganando protagonismo en relación con diversos problemas ambientales globales, que resultan apremiantes. 

Así lo ha alertado la Dra. Dawn Wright, científica principal de Esri, quien ha resaltado que los criaderos de ostras proporcionan un hábitat para miles de especies marinas, lo que las convierten en una especie fundamental, pues generan un impacto enorme en los ecosistemas. 

Igualmente, ha explicado que absorben grandes cantidades de energía de las olas, un atributo valioso a medida que aumenta el nivel del mar y se incrementan las marejadas ciclónicas. Incluso, succionan el exceso de nutrientes, incluidos el nitrógeno y el fósforo, del césped, las granjas y los corrales de engorde. 

“Simplemente alimentándose de algas, una ostra puede filtrar decenas de galones de agua cada día”, manifestó Aaron Kornbluth, alto funcionario del programa de conservación costera y marina de los Estados Unidos ‘The Pew Charitable Trusts’. 

Ante esas evidencias, Wright reveló que Kornbluth y sus colegas se propusieron hacer un inventario de la abundancia y distribución de las poblaciones de ostras, por lo que desarrollaron una aplicación que mapea esta especie, a lo largo de miles de millas de costa, usando tecnología del Sistema de Información Geográfica (SIG), con el objetivo de recopilar en un único repositorio central y de acceso público toda la data alrededor de las ostras. 

Así las cosas, Kornbluth y su equipo crearon un portal SIG en línea para que los investigadores de ostras envíen los resultados de sus encuestas y estudios. De esa manera, usando el mapa compartido de la costa del portal, podrían marcar las ubicaciones de sus observaciones de una forma sistemática y eficiente. 

Por fortuna, como lo relata la experta de Esri, a medida que se corrió la voz y los datos fluían hacia el portal, el equipo complementó la información a través de búsquedas bibliográficas exhaustivas. Y luego, cuando encontraron un estudio con observaciones confiables de ostras, crearon un registro a través del portal. 

Los registros antiguos, incluidos algunos que se remontan al siglo XVII, proporcionaron puntos interesantes de comparación. “Por supuesto, en ese entonces no tenían coordenadas de GPS, así que tuvimos que interpretar cosas como un arrecife de ostras de tres hectáreas frente a la costa de una ciudad”, indicó Kornbluth. 

Unos meses después del lanzamiento del portal, ya se habían almacenado alrededor de 2.300 registros de observaciones de ostras, desde Alaska hasta la península de Baja California. 

Según Wright, aparte de lo que el portal y su mapa alcanzan a revelar con respecto al estado de las poblaciones de ostras de Olimpia y el Pacífico, los datos allí consignados han permitido establecer información aún más valiosa la cual, para darla a conocer, llevaron a Kornbluth y a su equipo a hallar una forma creativa de usar SIG para un análisis más detallado. 

“Las ostras se reproducen liberando larvas que nadan hasta encontrar un buen lugar para asentarse. Una larva solo puede nadar unos pocos pies antes de encontrar un hogar permanente, pero se sabe que las larvas de Oly viajan 30 kilómetros o más”, destaca la científica de Esri. 

Esta dispersión, según ella, respalda un intercambio continuo de ADN que asegura la diversidad genética, lo que beneficia la salud general de la especie. Antes de la intervención humana, el Oly, como muchas especies de ostras, formaba vastas redes a través de la importación y exportación de larvas. 

Kornbluth y su equipo –añade– querían evaluar cuántas redes de ostras Olympia no fragmentadas quedan, una consideración importante para decidir cómo implementar una restauración efectiva. 

Con eso claro, dice que comenzaron desarrollando un mapa detallado de la costa oeste de América del Norte, incluidos sus estuarios, y superponiendo dos décadas de observaciones de ostras. A continuación, instruyeron al SIG para que dibujara una zona de amortiguamiento de 30 kilómetros alrededor de cada ostra, una estimación conservadora de la distancia máxima que probablemente viajaría una larva individual. 

“Los resultados revelaron que en ciertas regiones, incluido el mar de Salish cerca de la Columbia Británica y el sur de California Bight (la línea costera curva de 430 millas que se extiende desde Point Conception hasta Baja), las redes de Oly son grandes y relativamente saludables. Las redes mapeadas eran mucho más pequeñas en gran parte del norte de California y Oregón. En algunos lugares, incluidos tramos de la costa central de California y el cabo de Punta Banda, cerca de Baja California, el mapa identificó poblaciones de ostras aisladas, efectivamente separadas de redes más grandes”, relata Wright. 

De esa forma, al proporcionar información sobre la abundancia y distribución actual e histórica, la científica señala que Kornbluth y su equipo esperan que los mapas y los datos puedan servir como base para una restauración de ostras más estratégica. 

Además de los métodos innovadores que utilizó el equipo para analizar los datos –que Kornbluth espera puedan informar sobre la conservación de otras especies– la experta de Esri resalta que el proceso interactivo de recopilación de datos podría convertirse en una práctica estándar. 

“Usar SIG como una herramienta para el mapeo comunitario de especies marinas no es algo que creamos que se haya intentado en gran medida. En teoría, alguien podría aplicarlo a los mejillones o las vieiras. Es una metodología que nos entusiasma mucho”, puntualizó Aaron Kornbluth.  

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