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sábado, marzo 2, 2024
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El 5G impulsará nuevos servicios, pero debe incorporar la seguridad en el centro

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Los avances en 5G son una gran noticia. En Colombia ya se han hecho pruebas por parte de los operadores, y el Ministerio TIC inició el camino el pasado 21 de diciembre al publicar el ‘Plan de acción para la realización del proceso de selección objetiva que permita la masificación de 5G en el país’.

En esta apuesta, se recibieron nueve manifestaciones de interés para operar y prestar servicios móviles en las bandas y frecuencias para este despliegue. En el tercer trimestre de este año se realizará el proceso de selección objetiva, ratificando así el compromiso de maximizar el bienestar social.

En conjunto, se cree que la velocidad de procesamiento y entrega de datos de la red 5G es hasta 100 veces superior a la de las redes 4G (datos de la Next Generation Mobile Networks Alliance), lo cual permitirá aplicaciones como las ciudades inteligentes, los carros autónomos, telemedicina avanzada y la industria 4.0.

Pero hay que hacer una salvedad: o esta red será segura desde su diseño, o provocará fallos en cascada. En esta arquitectura, el procesamiento de datos se lleva a los bordes de la red, lo que puede producir velocidades de al menos 50 megabits por segundo (Mbps), con tasas de latencia 10 veces inferiores a las que ofrecen las redes 4G.

Es importante equiparar los retos de seguridad digital a los que se enfrentan los operadores de telecomunicaciones e ISP en la nueva arquitectura 5G.

Computación en nube, Edge Computing, Fog Computing

En 5G, el núcleo de la red es un concepto complejo que reúne Cloud Computing, Edge Computing y Fog Computing (una mezcla de los dos primeros) para procesar esos datos y enviarlos de vuelta, con la menor latencia, para ser consumidos.

La topología de la red 5G es en sí misma una fuente de problemas de seguridad.  El resultado de este modelo es una red extremadamente distribuida en la que hay que mantener la seguridad en varios frentes simultáneamente.

El panorama se complica cuando se tiene en cuenta que la 5G es, en su génesis, una SDN (Software Defined Network) que sigue los estándares de la NFV (Network Function Virtualization), en la que la virtualización ocupa el lugar de las infraestructuras tradicionales de telecomunicaciones. La capa de software, totalmente IP, pasa a ser responsable de la prestación y supervisión de los servicios digitales, que se realiza de forma totalmente automatizada. Por último, el uso extensivo de API (interfaces de programación de aplicaciones) también exige soluciones de seguridad.

El estudio 2020 de IDC predice que a finales de 2023 habrá 1.010 millones de conexiones 5G (móviles, IoT, OT e IT) en el mundo, pero donde hay un aumento de la infraestructura digital, hay un aumento de la superficie de ataque. Esto se ve potenciado por el hecho de que la red 5G está más distribuida que nunca (edge computing), es totalmente inalámbrica, está definida por software y virtualizada, y se basa en una fluidez absoluta de cargas y funciones.

Se trata, por tanto, de un momento crítico para los líderes de los operadores de telecomunicaciones y los ISP.

Un estudio de la empresa de investigación Business Performance Innovation Network basado en entrevistas a 145 ejecutivos de operadores de Telecomunicaciones de todo el mundo indica que el 94% de este universo se declara muy preocupado por las vulnerabilidades de la red 5G. En una respuesta de opción múltiple, el 72% está especialmente preocupado por la posibilidad de que el núcleo de la red 5G sea atacado; otro 60% tiene como prioridad defender los endpoints de sus clientes y el 38% confiesa enfrentarse a desafíos relacionados con la gestión de la seguridad digital de la red 5G y las competencias de sus equipos de Seguridad TIC.

 

 

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